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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Programa cero: la fórmula uno

La complejidad del mundo contemporáneo exige potenciar cada vez más los estudios de audiencias, para obtener productos comunicativos más eficientes

Ilustración: Arnaldo Morán

A 35 años de creado el Centro de Investigaciones Sociales (CIS) del Instituto Cubano de Radio y Televisión, nos parece oportuno intercambiar algunas experiencias y puntos de vista acerca del estudio de los públicos, sus hábitos de consumo de la radio y la televisión, y la necesidad de enfocar la investigación sobre los medios de comunicación social en Cuba, desde una perspectiva renovadora.

Usualmente suele identificarse esta labor solo con información relativa al tamaño y composición de los auditorios, así como a sus gustos y preferencias. Sin embargo, en los últimos tiempos, también hemos incursionado con mayor profundidad en la evaluación cualitativa de productos comunicativos una vez trasmitidos.

Si bien durante muchos años esta retroalimentación les ha resultado de gran utilidad a los realizadores vinculados a la programación, los medios audiovisuales del patio comienzan a experimentar transformaciones, tanto en lo tecnológico como en lo organizativo, los contenidos y su influencia social; aspectos que reclaman diferentes formas de investigar.

Hasta el momento los públicos se limitan a evaluar. Por lo general, no intervienen en otros momentos de la creación y difusión de la obra artística, exceptuando los programas humorísticos, donde su forma de producción ha corroborado lo aquí expuesto.

Casi siempre realizamos análisis exhaustivos de las deficiencias, pero después de elaborado y consumido el producto, es decir, luego de haber invertido esfuerzos, recursos humanos, económicos y de otra índole.

En ese sentido, urge impulsar la investigación en otros momentos de la producción: desde la idea o concepto, transitando por el programa cero y la producción. Ahora bien, ¿qué puede aportar la investigación desde la concepción del programa?

 Antes de aprobar… comprobar

El estudio del concepto actúa sobre la idea o proposición –que debe ser lo suficientemente válida y aceptada por el público–, con el objetivo de probarla antes de su concreción en forma de programa. De esa manera se evita la inversión baldía en productos comunicativos que pueden ser rechazados.

Aunque no se puede garantizar el total éxito de un proyecto por investigar su concepto, tiene mayores posibilidades de ser aceptado. Estudios previos no pueden faltar cuando las ideas a desarrollar no han sido utilizadas antes.

Asimismo, cobra vital importancia tener en cuenta a los destinatarios de los mensajes. Solo de esa forma tendrán validez las opiniones recopiladas. En ese afán, resulta necesario respetar el principio comunicativo de tener bien claro el público objetivo de los mensajes.

Un examen detallado de las fichas técnicas de los programas radiales y televisivos, denota un excesivo uso de la categoría “público general” como destinatarios, en detrimento de la práctica de evidenciar contenidos dirigidos a públicos específicos.

Vale la pena recordar la vigencia de lo sentenciado por Aristóteles, hace más de dos mil años: “Los tipos de oratoria dependen de la consideración de las clases de auditorios; el carácter que debe adoptar el orador depende de la receptividad de los públicos…”

En esencia, la investigación de conceptos permite evaluar la idoneidad de la idea para alcanzar las metas, defendiendo la premisa de que el mensaje debe crearse bajo los intereses del emisor, pero desde el punto de vista del público receptor.

Una vez aceptada la idea o concepto, conviene realizar el llamado programa cero: ensayo dirigido a comprobar que el concepto —y el ambiente en torno suyo—, trasmite con fuerza y nitidez la intencionalidad del creador.

Al margen de las dificultades financieras, entre otras que afectan la producción y realización de un programa cero, su importancia para modificar atributos formales y de contenido del espacio justifica el gasto. El intercambio con el público, a través de la investigación en esta fase, facilita realizar determinados ajustes al programa definitivo, no absolutos, pues las encuestas pueden sugerir continuos cambios durante el transcurso de la producción.

Es aquí donde podemos hablar de una nueva etapa de la investigación: “durante la producción”, entendida como el proceso de realización del programa y sus sucesivas emisiones.

Para encarar estudios durante la producción —lo cual no resulta novedoso en Cuba—, es preciso, entre otros factores, concebir dicho proceso creador de manera diferente a la actual, así como convencer a los realizadores de la necesidad de trabajar en función del producto, más que de su complacencia personal.

No obstante, experiencias desarrolladas en el CIS con programas humorísticos como Jura decir la verdad, Punto G y Deja que yo te cuente, han originado modificaciones a espacios en el aire, a partir de los criterios y sugerencias del público, que facilitan mejorar sustancialmente la adecuación de los contenidos a las exigencias de los receptores, sin perder la intención del emisor–creador.

Esta forma de enfocar la realización incrementa de manera notable sus potencialidades de comunicación eficaz con la audiencia, por lo cual resulta ventajosa, además, desde la óptica económica.

La vinculación del ejercicio investigativo a todas la etapas de la creación, repasada a grandes rasgos, tiene muchas más aristas y habría que analizarlas en detalle.

Entre las facilidades que la investigación brinda a los creadores, en su afán de alcanzar una mejor eficacia comunicativa, sobresalen: evaluar conceptos, precisar los elementos positivos y negativos de la comunicación, estimar la credibilidad de los mensajes, determinar el interés que estos despiertan, así como conocer la capacidad de un programa para ser aceptado por la población objetivo.

La experiencia y el talento creador no bastan para responder a las interrogantes de directivos y realizadores en la búsqueda de productos comunicativos más eficientes. La complejidad progresiva del mundo contemporáneo exige, cada vez más, procedimientos investigativos que coadyuven a lograr los resultados esperados.

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