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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Cuba será siempre de Fidel

Acercamiento al legado del máximo líder de la Revolución Cubana

En Cuba, la perspectiva de los medios de comunicación masiva, el arte y la cultura abarca el amplio panorama de la creación humana. Fidel defendió que las relaciones institucionales de la educación y la ciencia elevaran los conocimientos, la espiritualidad de las generaciones, pues existe una fuerza potencial, de significado enorme, que ha surgido del pueblo.

Él ostentaba el don de ofrecernos ejemplo y riqueza de lo anhelado. El mundo simbólico de varias generaciones en la nación cubana es el que Fidel creó con la Revolución. Nadie ha hecho tanto como él para convertir la cultura en un derecho del pueblo.

Líder de talla universal, maestro de la oratoria, preocupado por los pequeños detalles, fue el heredero más fiel de José Martí y un intelectual extraordinario. Mantuvo una preocupación constante y múltiples acciones para garantizar el pleno acceso a los bienes y servicios culturales, en especial, al libro.

Para nutrir la libertad de pensamiento de los cubanos y las cubanas, expresó: “No le decimos al pueblo cree; le decimos lee”. Con esta idea tenía el propósito de multiplicar las posibilidades de la mayoría de acceder al arte y la literatura.

Su obra fundacional creció bajo el signo de la permanencia y la esperanza. Nos entregó su pensamiento lúcido, promisorio, en espacios de la Radio y la Televisión. Fundó el programa Mesa Redonda, en el cual participó para mantener informado al pueblo sobre diferentes temas y problemáticas de interés nacional e internacional.

Condujo a los fundadores de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba a consolidar la unidad de todos los intelectuales y artistas en una organización que como primer propósito se propuso encauzar una política cultural inclusiva y democrática, la cual tuvo su germen en las históricas palabras a los intelectuales que Fidel pronunció en 1961, en la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí.

Su vocación unitaria lo distinguió. Dialogaba con escritores, y cultores de todas las manifestaciones artísticas, estimuló la libertad de creación dentro de la Revolución.

En el difícil, complejo camino, de hacer Revolución fue una brújula en beneficio de los pobres de la tierra. Unir voluntades y fuerzas protagonizó las esencias fundamentales de su ideario.

A todo nos acostumbramos, menos a la pérdida física de Fidel. Hay que estudiar su pensamiento. Aprender de su vasta dimensión humanista.

Desde el 28 de noviembre y hasta el 4 de diciembre le rendiremos homenaje y pensaremos: a los héroes se les recuerda sin llanto, porque no han muerto al final.

Nuestra Cuba es y siempre será de Fidel. Él vive donde quiera que exista un ser humano dispuesto a luchar por la justicia y el mejoramiento humano.

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