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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Cultivar las relaciones de complicidad

Reflexiones sobre valores culturales de ficciones que alertan contra males sociales, incomprensiones y disgustos

El narrador y poeta Miguel Barnet, ha destacado la verosimilitud para caracterizar al protagonista de cualquier relato.

La polisemia del verbo contar es significativa, lo que no se cuenta o visibiliza, no existe. La mundialización de la cultura trajo a la palestra un conjunto de objetos: jeans, productos de la cadena McDonald´s, imágenes de estrellas de cine. Estos han dejado de ser imposiciones exógenas, forman parte de la memoria colectiva. La industria cultural tiene en el audiovisual uno de sus poderosos instrumentos financieros de mundialización; muchas personas intentan escapar de las seducciones impuestas por ella, pero no siempre pueden lograrlo, dada la avalancha de productos concebidos para la fácil deglución que estimula el ocio.
En el siglo de las tecnologías y los artefactos aún lideran la memoria, la palabra, a pesar del afán consumista. Ha surgido un nuevo perfil emergente: el ciudadano usuario de los medios, que se caracteriza por ser más participativo en tanto productor y consumidor de contenidos en las redes.
Los directores de largometrajes, cortos, telenovelas y otras narraciones seriadas llevan a la TV tradicional he-chos, conflictos, situaciones, al concebir realidades-otras, y proponen indagaciones en problemáticas de interés para las mayorías.
Ninguna propuesta debe ser un compendio sociológi-co edificante; sin abandonar la intención reflexiva, lo que de ningún modo puede obviar son los valores axiológicos, estéticos, de honestidad artística,
De acuerdo con la doctora en Ciencias Psicológicas Carolina de la Torre: “Las personas no solo son cómpli-ces de nuestras narraciones y construcciones persona-les, sino transmisores de valores sociales, costumbres, interlocutores en el proceso de asimilación activa de la herencia socio-histórica-cultural y de los grupos huma-nos en el proceso interactivo de las identidades indivi-duales y sociales”.
Experiencias ficcionales generan identificaciones con las audiencias, por ejemplo, la retransmisión de la tele-novela cubana El año que viene (Cubavisión, martes, miércoles y jueves, 2:00 p.m.), en la que se colocan en el centro de atención las pérdidas, las soledades.
La oportunidad de volver a ver en pantalla estas preo-cupaciones incentiva el análisis de la familia reunida en el hogar.
Sin duda, los creadores deben seguir insistiendo en el abordaje y la transmisión de actitudes positivas, normas de conducta implícitas en relatos concebidos para disfrutar, de forma productiva, del entretenimiento.
El incremento de la culturalidad —entendida como los procesos que producen significados valiosos—, es im-prescindible, nunca puede ser silenciada, ni olvidada.
Son ineludibles la esmerada atención a los diálogos, la capacidad de reconocer el ingenio dramatúrgico, la interpretación actoral; estos elementos no son privativos de artefactos sofisticados, épocas o países, sino de quienes tienen la misión de hacer arte en el audiovisual.
En tal sentido es elocuente la aseveración del narrador y poeta Miguel Barnet: “Hay que cuidar sobre todo la autenticidad del protagonista, sacándolo de esa caja de cristal en que muchos novelistas encierran a sus personajes. Lo que ocurre, pues, es que los personajes quedan como caricaturas, esperpentos, y lo más que comunican es una alegoría, nunca un estremecimiento real”.
Las ficciones están abiertas a situaciones e incertidum-bres, las cuales requieren de la inteligencia alerta para comprender mensajes, intertextualidades que interpre-tan al usuario de los medios, le transmiten filosofías ca-rentes de inocencia.
La TV establece relaciones de complicidad, cercanía, en las cuales poco reparamos, aunque siempre está ahí, hablándonos, mirándonos a los ojos, y entra en nuestra intimidad sin recato. En ella, predomina la sen-sación de inmediatez, una manera de expresar lo coti-diano.
Sin los públicos masivos tampoco se desarrolla la cultu-ra contemporánea. Con independencia de los diferen-tes modos de ver y apreciar de la familia, esta debe continuar discriminando entre los productos comunica-tivos, seguir inmersa en un proceso dinámico que hasta a la industria toma por sorpresa. Los valores culturales, formativos, nunca pueden ser desplazados, pues desde la niñez le dan sentido a la vida. Pensemos en esto.

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