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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

En busca de la memoria histórica televisiva

Para investigarla y reconstruirla resulta imprescindible valerse de numerosas fuentes

Por su impacto comunicativo, cultural e ideológico, la historia televisiva constituye una zona de vital importancia en el patrimonio de la nación y el imaginario popular de los cubanos. Sin embargo, aún sigue siendo casi una desconocida que espera ser investigada y socializada. 

 

Aunque existe la percepción general de que su patrimonio reside solamente en las imágenes, para investigarla y reconstruirla resulta imprescindible valerse de numerosas fuentes –impresas, documentales y testimoniales– que registran y explican estos audiovisuales, su alcance.

Si nuestra televisión comercial forjó y expandió el modelo latino de géneros y formatos mediáticos por la Región, gracias a su afinidad histórica- cultural e idiosincrasia común; la del servicio público tiene también importantes momentos y aportes que ameritan preservarse.  

Contra ello atentan: la carencia de los archivos empresariales e institucionales; la extinción paulatina de la generación fundacional para brindar sus testimonios1, [1]la concentración de imágenes en fondos individuales nunca compartidas con los archivos oficiales; la eliminación sistemática de los archivos impresos donde se registra la cotidianidad mediática, incluso la de periodos más cercanos en el tiempo.  

Con el triunfo revolucionario y aquella oleada “gris”, desaparecieron los archivos empresariales. Las fuentes restantes son las publicaciones periódicas de la época, las cuales no están completas y, en su mayoría, han sufrido, junto al deterioro lógico, el vandalismo.  

No obstante, nuestro compromiso con el patrimonio impone redimensionar no solo investigar la historia en sus dimensiones cultural, histórica, productiva y económica, sino darla a conocer sistemáticamente en todas las plataformas del instituto. 

Para ello necesitamos: captar a jóvenes que den continuidad a la obra de los investigadores actuales (escasos, añejos y amenazados por la vida o la visita sorpresiva del “alemán”); incrementar y acelerar investigaciones que rebasen las historias de vida y las anécdotas para identificar y caracterizar los procesos, relaciones, prácticas y actores sociales de toda nuestra historia mediática electrónica.  

Que la Editorial En Vivo incremente y estabilice sus líneas productivas dedicadas a la historia de nuestros medios, a través de la publicación de artículos y ensayos históricos, los cuales socialicen el devenir de la radio y la televisión en Cuba y fuera de nuestras fronteras, donde se ignoran o distorsionan nuestros aportes.

También resulta necesario incrementar proyectos televisivos que muestren las imágenes restauradas y socialicen los resultados investigativos sobre la trayectoria de figuras y géneros de programación como parte del patrimonio nacional.

Estas imágenes mostrarían la evolución de las tendencias creativas y sustentarían la enseñanza en las academias de Artes Escénicas, Comunicación e Información. 

Telesur, con sus valiosos documentales históricos, ha demostrado la valía del patrimonio histórico-cultural de las imágenes; modalidad productiva inexistente si los soñadores de antaño no hubieran conservado los archivos. 

Hace 68 años, la televisión cubana hizo que individuos de diversos estratos sociales, sexos, niveles de instrucción, formación cultural, filosofía e ideología de diversas provincias convirtieran la recepción televisiva en una de las prácticas culturales más importantes y perdurables de la cotidianidad de los cubanos.

En su historia está también la del diseño, la escenografía, la ambientación, la utilería, la actuación, la dramaturgia, la comunicación, la información, la historia, la tecnología, la política, la ideología y la trayectoria de creadores, artistas y comunicadores.

Este patrimonio pertenece a las nuevas generaciones de Cuba, e Iberoamérica. Nuestro compromiso es preservarlo para el futuro.

[1]  Aunque una y otra vez muchos de estos fondos han sido grabados por la televisión, la práctica de borrar  de borrar los programas nos deja sin ellas pues al fallecer sus propietarios; muchas de ellas desaparecen definitivamente.   

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