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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Lo más sublime para el alma divertir

En las emisoras, los canales televisivos y las plataformas digitales se destacó la declaración del 8 de mayo como el Día del son cubano, género que recrean diversos cultores en Cuba y países del mundo
Adalberto Álvarez

Adalberto Álvarez

El nuestro es un pueblo bailador. Las personas disfrutan entonar melodías y textos de acuerdo a su gusto, aficiones o subjetividad. En la actualidad compositores, intérpretes, públicos varían los escenarios hacia las redes sociales debido a la incidencia global de la COVID-19. Una noticia reciente corrió de voz en voz: la declaración del 8 de mayo como Día del son cubano, en homenaje al natalicio de dos músicos extraordinarios: Miguel Matamoros y Miguelito Cuní, símbolos del género dentro y fuera de la Mayor de las Antillas.

La riqueza del género que han nutrido estos y otros baluartes de la cultura cubana merece ser conocida por las mayorías, pues los valores estéticos no son solo contenidos para diseminar en determinada ocasión o de manera coyuntural sino también una práctica imprescindible de servicio público dirigida a la sociedad cubana. La defensa de clásicos imprescindibles y las renovaciones contemporáneas protagoniza el sentido de colocar ejemplos de lo más auténtico en las plataformas digitales al presentar las más recientes producciones fonográficas en los oídos y las miradas de las audiencias. Su visualización propicia colocar variadas propuestas ante quienes velan por las expresividades sonora y rítmica de nuestra nación.

Entre los títulos emblemáticos descuella Son para un sonero. Adalberto Álvarez, el concierto, que revela la autenticidad de un artista comprometido con las raigambres reactualizadas. En la era de la comunicación cultural se transmiten saberes, innovaciones, rupturas, mediante códigos y mensajes, los cuales debemos conocer en su justa dimensión. Sin duda, la promoción contribuye al establecimiento de jerarquías y una lógica de labor conjunta que integra las instituciones y los organismos de la cultura para potenciar lo significativo.

Según ha reconocido el maestro Leo Brouwer, Premio Nacional de Música: “Demos diversidad para escoger unidad. El pasado, a veces lejano, que ha fundado los valores y las categorías históricas de lo cubano, no se experimenta, se estudia”. Es preciso seguir alumbrando los fines y propósitos de una estrategia de promoción diseñada para que la hegemonía del gusto popular no se distorsione. La música existe en tanto se interpreta y se graba y llega a las mayorías. Tampoco obviemos la trascendencia del videoclip y su repercusión sobre todo en el interés de los más jóvenes. Conectarse con el otro, influir en su intelecto y espiritualidad es un propósito de los expertos implicados en esta tarea de amplia connotación en procesos formativos que necesitan nutrientes a diario.

En opinión del maestro Chucho Valdés: “Cuando investigamos de dónde venimos afloran infinitos hallazgos tanto en la música clásica como en la popular. Hay que seguir buscando en las raíces del son, de la rumba, de todos los géneros de nuestra música. Me considero deudor de ellos, los llevo a mis obras y a las ejecuciones”.

Creaciones para bailar y escuchar, cualidades que no son excluyentes, hacen mover los pies, motivan acercarnos a modalidades y formatos diversos, los cuales abren nuevas veredas a lo más autóctono de la cultura cubana.

El maestro Chucho Valdés, Premio Nacional de Música, se nutre de lo culto y lo popular para ser cada vez más universal.

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