20 de junio de 2024

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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Palabras, palabras, palabras

Es bueno entonces, que sepamos que autentificar es otra forma del mismo contenido de autenticar y significa autorizar o legalizar algo y hacer digno de crédito, o sea, acreditar.
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Si hay una aplicación popular y útil para el cubano de hoy, sin duda, es transfermóvil. El primer paso para acceder a ella es autenticarse, pero con frecuencia oigo: autentificarse y muchas veces alguien censura con mucha fuerza esta forma. Es bueno entonces, que sepamos que autentificar es otra forma del mismo contenido de autenticar y significa autorizar o legalizar algo y hacer digno de crédito, o sea, acreditar.

Otra palabra que merece especial atención es acólito porque su significado se extiende. En el español de hoy acólito es el monaguillo o ayudante del sacerdote católico que celebra algún servicio religioso. También es un clérigo de una de las órdenes menores de la iglesia católica y en la anglicana. Por extensión de significado, se aplica asimismo a la persona que ayuda o secunda a un personaje importante que no necesariamente tiene que estar relacionado con la religión. Por ello, no es incorrecto un ejemplo como este: El gobierno de ese país, con su acólito automático que es Alden Joice ha respondido.

No hay error alguno en utilizar la palabra acólito en un contexto como este.

Otra palabra muy interesante y que también puede utilizarse metafóricamente es cardumen significa banco de peces que marchan juntos en grandes cantidades. Usada principalmente en América, aunque es oriunda de la península. Su significado metafórico de gran cantidad de cosas o multitud de personas, que figura en el diccionario del español del Uruguay y que también el Diccionario de la lengua española reproduce, es un uso raro y muy poco frecuente en los diccionarios más recientes.

Ya en el Diccionario de la lengua española en su vigesimotercera edición no aparece como multitud de personas y sí como gran cantidad de cosas en su sentido metafórico.

Hace unos días me sorprendí al escuchar la palabra asaz y un joven que estaba cerca de mí, aseguró que quien la pronunció se había equivocado.

No hay tal equivocación, la palabra asaz es un vocablo de uso culto, raramente usado en el lenguaje coloquial y significa bastante, muy, mucho. El diccionario de la Academia remite acertadamente al lenguaje poético, pero otros aseguran que aparecen numerosos casos en la prosa culta.

Esta palabra nos llegó desde el francés assez, formado a su vez a partir del latín vulgar adsatis, procedente del latín clásico satis que significa bastante, suficiente con anteposición de la preposición ad.

Por último, quiero referirme a una palabra que escuchamos con frecuencia y que ha sufrido un cambio sustancial. Me refiero a villano.

En la literatura contemporánea, en el cine y la televisión el villano es lo opuesto al héroe. Sin embargo, en la Edad Media los villanos eran los buenos y honestos habitantes de las villas, que eran pequeños caseríos poblados por labriegos que trabajaban las tierras de la nobleza, pero para los propietarios de esas tierras, el villano era un sujeto embrutecido, ignorante y vulgar, un prejuicio elitista este, que, con el tiempo, se extendió a la concepción moral del villano. Por esta razón, la palabra villano fue usada cada vez con más frecuencia para designar a las personas que se caracterizaban por su maldad y vileza.

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