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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Puri no se dio cuenta de quién él era

Digámoslo de una vez por todas: Senobio Puri Faget (1943-2020), autor de obras definitivas que él olvidaba una vez concluidas, nunca permitió que su alma transparente, rebosante de ética fuese enturbiada por el cieno de la vanidad.

Senobio Puri Faget

Cuando transcurría 1971, Puri —de cuyas señas se darán noticias más adelante— se suma a la tribu del Noticiero Nacional de TV, donde realiza contundentes documentales, que dejan a todo el mundo boquiabierto. (Ah, pero él no cayó en cuenta de la dimensión de su milagro creativo).

En 1980 ingresa en los Estudios Cinematográficos del Instituto Cubano de Radio y Televisión, como director de cortometrajes. Continuó su cosecha de triunfos. (No obstante, Puri, como si nada hubiese sucedido).

Actuó como jurado en diversos certámenes internacionales: Brasil, España, Italia, Francia. Le llovieron los galardones, incluidos los entregados por el Premio de Periodismo Rey de España, el Festival de Cine de Trieste y el Festival de Cine de Bilbao. (Entretanto, sin abandonar su calmada sonrisa, Puri continuaba en sus afanes audiovisuales, sin que hubiese homenaje que lo infatuase).

Sus obras El son te salió redondo, Raúl Martínez, un clásico cotidiano, Carlos EnríquezSencillamente… LeoFernando Alonso, un maestro de la danzaLos Hijos de SandinoParrandas remedianas y Donde comienza la Isla recibieron entusiasta aprobación de crítica y público. (Lo cual dejó a Puri muy tranquilo).

Desde el año 2005 ejerció la docencia en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, donde fue jefe del Departamento de Documentales e integrante del consejo académico. (Nombramientos que no le produjeron frío ni calor).

Digámoslo de una vez por todas: Senobio Puri Faget (1943-2020), autor de obras definitivas que él olvidaba una vez concluidas, nunca permitió que su alma —transparente, rebosante de ética— fuese enturbiada por el cieno de la vanidad.

Sus cenizas —que reposan en los jardines de la Escuela Internacional— cotidianamente nos recuerdan que existe una especie que no está en vías de extinción: las buenas personas.

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