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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Un aplauso infinito al actor Enrique Molina

Ya no veremos más al Silvestre Cañiso de la telenovela Tierra Brava ni al Lenin del Carrillón del Kremlin
Enrique Molina

Enrique Molina

La noticia de la muerte del actor Enrique Molina es una de esos hechos que uno no se imagina, pese a lo difícil de los momentos actuales. Realmente los primeros días del mes de septiembre siguen despidiendo nombres que son parte de la vida cotidiana del cubano y es justamente el caso de Molina.

Ya no veremos más al Silvestre Cañiso de la telenovela Tierra Brava ni al Lenin del Carrillón del Kremlin por citar dos clásicos de su vasta y exitosa carrera. Recibió numerosos reconocimientos por su amplio desempeño en su desempeño en el cine, el teatro y la tv. Hablamos del Premio Nacional de Televisión, Premio Actuar por la Obra de la Vida, Título Honorífico en la primera edición del Premio Enrique Almirante y Premio Caricato, entre otros.

Molina es y será de los hombres entrañables de la cultura cubana.

Interpretó al campesino humilde, al padre intransigente y amoroso en la telenovela Bajo el mismo sol. Lo vimos también como el hombre que quiso vivir sus mejores días junto a su amada en La otra esquina y fue el luchador incansable en secreto en la recordada serie En silencio ha tenido que ser, entre otros muchos personajes a los cuales imprimió un sello plausible de autenticidad. Junto a la gran actriz Alina Rodríguez, logró ese dueto inolvidable por la cohesión emocional que ambos regalaban a los espectadores.

Molina le regaló al cine gran parte de su talento, desde filmes como El hombre de Maisinicú pasando por un Paraíso bajo las estrellas, Caravana, Barrio Cuba, hasta El cuerno de la abundancia por solo citar algunas de sus interpretaciones unidas a otras propuestas de producción independiente. Trabajó además en clásicos del teatro llevados al cine como Contigo pan y cebolla que encontraron en él, ese justo punto donde toda obra parece realmente nueva.

En una oportunidad como invitado al espacio Mediodía en TV nos comentaba que actuar era para él, una aventura siempre nueva e infinita, que asumía con las cartas de ganar y perder.

El respeto a su público resultó la máxima para este actor de pueblo.  Enrique Molina sencillamente representa, y así será siempre, a ese cubano sencillo, de buenas maneras, de expresión clara y enérgica que defendió su tierra desde un hacer auténtico y valedero. Se trata de uno de esos hombres que cumplió la obra de vivir como profesional, como padre y esposo y como hermano de todos los que le seguiremos aplaudiendo en el tiempo.

 

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