Un instructor de arte que sigue siendo, humildemente, un gestor cultural
Pedro Pablo Cruz
Las manecillas del reloj indican que pasan las cuatro de la tarde, mientras espero su llegada en el lobby del Instituto de Información y Comunicación Social, reviso un cuestionario que le compartí. Antes, le envié un mensaje vía WhatsApp sabiendo que no le gustan las entrevistas. Primero se negó, pues manifestó no tener nada que aportar. Después aceptó y me agradeció por ser el protagonista de un diálogo, a propósito de los 20 años de nuestra graduación como Instructores de Arte en fecha que coincide con el Día de la Cultura Cubana.
“Tranquila, lo agendo y lo hacemos”, escribió cuando ya daba por perdida la posibilidad de entrevistarlo. Para entonces, me propuso vernos antes de la salida de El Exitazo, pues “no soporta hablar por teléfono” y prefiere la comunicación cara a cara o las maneras mágicas de la radio y la televisión.
Por eso, aquí estoy, repasando sus mensajes…esperando.
“Dedico buena parte del día a responder llamadas y correos que emanan del trabajo de la orquesta Failde; a coordinar el trabajo de manager que no es solo organizar el proceso previo. Cuando suena el primer acorde: hago coros, presento, voy marcando el orden de las canciones, grabo contenido para redes sociales. Además, dedico tiempo a componer porque la faceta de autor musical es algo que disfruto mucho”.
Mientras lo leo, pienso que esta será una conversación difícil, no por el tema o las preguntas, sino por el interlocutor. Él se define como “el niño que prefirió hablar antes de caminar” y, además, sostiene que “ese primer impulso se ha mantenido”. Eso, por el espacio limitado para contar su historia, puede ser un peligro.
“La falta de electricidad me ha posibilitado repasar obras de Milán Kundera, Cabrera Infante y Elena Garro, algo que llevaba tiempo postergando”, dice otro de sus mensajes donde también confiesa que duerme pasadas las 12 de la noche, le gusta ver series y poca televisión de canales nacionales, quizás “porque cada vez son menos los programas musicales con grandes actuaciones en vivo y escenografías atractivas”.
Así es Pedro Pablo Cruz, la voz de Los Lucas. Lo conocí siendo pionera cuando su voz potente convocaba e interpretaba canciones en cuanta actividad existía. Ahí supe de ese niño que fue acunado y calmado por la música a través de la radio y de la voz angelical de su mamá, Rebeca, quien descubrió que Radio Enciclopedia, CMBF y Radio Reloj lo calmaban y entretenían.

Recuerdo esta etapa en tanto una voz me irrumpe: “¿comenzamos?”, dice a su llegada y se disculpa por el retraso. Entonces empieza a hablar como si tuviera las respuestas listas.
“La comunicación ha sido mi camino (…) y de ahí, el paso a la música que se puede y debe entender como otro sistema de comunicación”, confiesa y reafirma: “No puedo vivir sin la música. Yo soy de los que cantan en el baño (…) porque la música siempre está para mí como consuelo, como salvadora y fuente de motivación e ideas. La comunicación y la música (…) forman parte de la misma cosa para mí. Yo soy todo eso. Por más que implique esfuerzos y energías, no lo puedo ver como un trabajo”.
En consecuencia, comienza a desentrañar recuerdos:
“Durante la secundaria, jugando a hacer el noticiero pioneril de la COCO-CMCK, descubrí los encantos de la radio desde dentro, donde la música es un componente fundamental. Luego, cuando llegó el momento de elegir una carrera, se hablaba mucho en Cuba de la llamada «Batalla de Ideas» que dio prioridad a la escuela como centro cultural más importante de la comunidad. Esa etapa coincidió con el reverdecer de la formación de instructores de arte donde encontré la manera de unir la música, la comunicación y una vocación de servicio que latía en mí”.
En este punto, recordamos la etapa de la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM) cuando él estaba vinculado a la dirección nacional de la organización y yo era parte de la directiva de nuestra Escuela de Instructores de Arte (EIA). Allí, descubrimos que compartimos igual fecha de nacimiento y la misma pasión por el arte: él desde la música, yo desde el teatro. Además, rememoramos la radio base de la EIA donde Pedro, en más de una ocasión, acompañó los programas destinados al entretenimiento de los estudiantes y participó como locutor en el noticiero de la FEEM, en el Canal Educativo.
“Esa fue mi primera incursión en la locución dentro de la televisión. A partir de ahí, ese ha sido el camino que más natural y fácilmente he transitado. Empecé como locutor profesional en 2008, en Radio Cadena Habana, con la responsabilidad diaria de ser el titular del programa, «7 y 30 juventud». De ahí pasé a Rebelde y Taíno, y hasta el sol de hoy”.
Y aunque Pedro Pablo pareciera solo un hombre de medios, se mantuvo ocho años vinculado de modo regular a su labor como instructor de arte y pudo dirigir, como relevo temporal de su maestro Abelito, el coro Cascabelitos donde probó “las mieles de los escenarios cuando era un adolescente”. Según confiesa, tiene el recuerdo perfecto de sus instructores de arte de la escuela primaria y de la Casa de Cultura de Arroyo Naranjo: Medina, Marcelo y Abelito, este último, su preceptor y amigo hasta hoy.
“A la formación y al desempeño como instructor de arte les debo mi acercamiento más serio a la música popular cubana, sus géneros y nombres fundamentales. Ahí tuve que estudiar y explicar, primero a mí y luego a niños y adolescentes, qué es el son, el danzón, el bolero y la rumba; cómo se canta la música cubana (…).
Tratar de explicarle eso a un niño de seis años es uno de los ejercicios de síntesis intelectual más complejos que existen. La labor de la escuela, del maestro y, por ende, del instructor de arte, es vital para sembrar en los nuevos corazones el amor por Cuba y su cultura, las primeras chispas de pertenencia e identidad (…). El instructor de arte es un gestor cultural y yo, humildemente, así me siento hasta hoy”.
El también conductor y director general del popular programa televisivo Danzoneando, forma parte de esa generación de instructores de arte que hace 20 años se graduó y volvió, con ese uniforme y un puñado de canciones, a su propia escuela primaria y a su casa de cultura, a los mismos lugares donde creció.
“Veinte años después de mi graduación, esos saberes, ansias y maneras de hacer (…) atraviesan todo lo que hago. En la radio y la televisión, como director o locutor, solamente hago programas musicales. En el mundo de la música profesional, como mánager y repertorista de la Failde, he encontrado una plataforma ideal para gozar y experimentar con la música popular cubana”.
El trabajo de Pedro Pablo evidencia que los instructores de arte pueden diversificar y multiplicar su labor en distintos escenarios: aulas, instituciones del sistema de la cultura, medios de comunicación. Por eso, me atrevo a hacer una última pregunta: ¿cuál consideras que ha sido, y puede seguir siendo, tu aporte al desarrollo de la cultura cubana?
“Ante Cuba y nuestra cultura, (…) siento deuda y compromiso. Trato de contribuir, desde mis pequeños ámbitos, a que nuestra música se siga escuchando, dialogue con las modas y los tiempos y que las personas puedan recibirla como un bálsamo (…). La música es una de las raíces nutricias y una de las expresiones más poderosas de lo cubano. No hay manera de entendernos desde fuera sin saber eso (…). Escucharnos a nosotros mismos, en nuestras diferencias y en nuestra pertenencia, pueden ser llaves para renovar nuestro pacto social, nuestro proyecto común «con todos y para el bien de todos”.
Tras su respuesta, mira su teléfono y se pone de pie. Antes de irse, cuenta sobre la responsabilidad profesional y la alegría con que asume, junto a su familia radial, el programa El Exitazo, de Radio Taíno. También habla de los retos para la realización del espacio ante las contradicciones de la escena musical cubana y la corriente hegemónica de «lo urbano»; además de las dificultades logísticas que afectan, entre otras, las transmisiones en vivo y las entrevistas con artistas en la cabina.
Por favor, casi que le imploro, hazme saber de tus proyectos futuros, pero la despedida es inevitable. Sin embargo, de camino a casa, recibo el mensaje.
“Estamos trabajando en el nuevo disco de la Failde que marcará sus 15 años en 2027. (…) Me encantaría integrarme a la nómina de algún programa musical. Además, sigo haciendo mi programa en Taíno y la voz de Los Lucas. A mediano plazo, sería un placer volver a dar clases como instructor de arte, porque extraño el aula y el contacto apasionante con los saberes que ahí se reúnen.
En fin, soy el mismo niño, con las mismas pasiones, ahora con títulos y maestrías, más consciente de mi propia ignorancia pero en esencia, ese mismo niño: el hijo de Rebeca”.
Queda en mí la certeza de que, 20 años después, sigue siendo el mismo Pedro Pablo que conocí de pionera: voz que convoca, energía que contagia, música que nos une. Su historia no termina en esta entrevista, continúa en cada acorde y en cada palabra que regala a la radio y a la televisión.