26 de junio de 2026

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Editorial envivo del ICS

Un tapiz de sonido y generaciones radiales

En La magia de la creación. Familias de la Radio, Josefa Bracero Torres teje un tapiz sonoro donde las voces de la radio cubana no son ecos aislados.

En La magia de la creación. Familias de la Radio, Josefa Bracero Torres teje un tapiz sonoro donde las voces de la radio cubana no son ecos aislados, sino savia de sagas familiares que moldearon la cultura de una nación.

La autora, periodista e historiadora de las ondas, desentraña cómo el arte radiofónico fluyó por generaciones —comenzando por la magia que captó desde su niñez en una pequeña caja de sonidos—  convirtiendo micrófonos en altares domésticos y dramas en patrimonio colectivo. Su prosa, documental y lírica a la vez, evoca el crujir de los viejos transmisores y el susurro de libretos amarillentos. Una frase primordial del libro es la que sentencia:

«La radio tiene una magia especial: es un lazo invisible que une a quienes la crean y a quienes la escuchan, tejiendo sueños con hilos de voz».

Esta frase sintetiza su esencia: la radio como alquimia afectiva. Bracero Torres revela cómo familias enteras —actores, guionistas, técnicos— convirtieron estudios en hogares extendidos, donde el arte no era oficio, sino sangre compartida. Rescata voces sepultadas por el tiempo, demostrando que un radioteatro olvidado no muere mientras alguien recuerde su eco. Relata cómo ciertas interpretaciones quedaron grabadas en el alma de los oyentes como fotografías sin papel, subrayando el poder de lo intangible y la persistencia de lo efímero.

 La autora dedica páginas a sagas como los Pogolotti o los Montes de Oca, cuyos apellidos se volvieron sinónimo de frecuencia modulada. También entre ellos están Pedro Álvarez y Verónica Lynn, el profesor Arquímides Romo, los entrañables Manolo Ortega y Hortensia Soto —Estrellita para amigos—, Ofelia Nuñez y sus hijos, entre muchas otros pilares que heredaron sus saberes y talentos para conformar el tapiz de sonido que es hoy la radio cubana. Josefa Bracero Torres, también nos regala una colección de fotografías que demuestran y son testimonio gráfico de las caras invisibles que había detrás de micrófonos, voces y guiones.

En sus hogares, los diálogos de cocina se mezclaban con guiones de radionovelas, y los niños crecían creyendo que los micrófonos eran muebles de la sala. El libro también traza un mapa afectivo de Cuba a través de sus emisoras. Desde Camagüey —cuna de la autora— hasta La Habana, muestra cómo cada región imprimió su cadencia a las ondas. La radio fue así «espejo sonoro de una identidad fracturada pero entera».

La autora, tiene presente no ignorar el sudor tras la ilusión: describe a locutores pegando cinta al amanecer, técnicos domando chispazos de válvulas rebeldes, y actores repitiendo susurros hasta que la emoción sonara verdadera. Esta magia —nos recuerda— nació de disciplina férrea, no solo de talento.

 Con 213 páginas en su edición física (o 293 en digital), La magia de la creación. Familias de la Radio es más que historia: es poética documental. Es un libro que recopila en frágiles páginas un fuerte legado para que esta generación y las siguientes sean partícipes y conscientes de la magia que trae consigo la radio; una magia que se escucha con los oídos y se ve con la imaginación, algo que las nuevas tecnologías todavía deben construir. Su lenguaje, preciso pero musical, hace oír los silencios entre líneas.

Al cerrarlo, comprendemos por qué Bracero Torres —testigo y creadora— afirma que en Cuba, la radio fue cuna y trinchera: cuna donde se meció la cultura, trinchera donde se defendió con ondas y no balas. Quedan los relatos. Quedan los nombres. Y queda ese zumbido tenue que, en la quietud de la noche, aún parece decir: Aquí estuvo la vida.

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