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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Aguza el oído, despierta la memoria

Acercamiento a procesos comunicativos que imponen nuevos desafíos a la radio y la TV cubanas

La comunicación es un hecho social y la sociedad no puede ser concebida sin ella. Existe una estrecha relación de interdependencia, lo que afecta a una, influye en la otra de manera decisiva. Ante la creación de estrategias comunicativas en la red están surgiendo nuevas formas de percepción de los receptores. En la medida que la Radio y la Televisión Cubanas amplíen el universo cognoscitivo de las músicas, sí, en plural, se ampliarán los canales y los códigos de quienes no se desconectan de ambos medios.

La recepción es el resultado de la lectura de cualquier texto, entendiendo por este un mensaje dotado de forma y contenido, así como de un código que rige su construcción y decodificación. Ya lo dijo Roland Barthes en su tiempo: “es notorio que la música post-serial de hoy día ha modificado considerablemente el papel del intérprete, pues le exige ser de algún modo coautor de la partitura, debe intentar completarla antes que darle expresión. El texto se parece a una partitura: requiere del lector una participación activa”.

Debemos preguntarnos, ¿cómo escucharemos música en el futuro? ¿Es posible mantener en la Radio y la TV la promoción y difusión de valores significativos de las músicas cubana y universal?

La reciente edición de Cubadisco contribuyó a despejar ambas interrogantes mediante intercambio de ideas, y presentaciones de discos que merecen tener continuidad de manera creativa en emisoras y canales televisivos. No olvidar que la fiesta del disco estuvo dedicada a los 150 años del natalicio de Sindo Garay (1867-1968), al aniversario 50 del Primer Encuentro Internacional de la Canción Protesta y a la Nueva Trova.
En ocasiones, cuando concluyen los eventos se deja de aguzar el oído, ese silencio afecta la memoria y el reconocimiento de valores auténticos por los de menos edad. En ambos sentidos son fundamentales la contribución de la industria fonográfica y el disco como producto cultural indispensable para la información de los públicos y el enriquecimiento de nuestro patrimonio.

Los aportes fundacionales de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Noel Nicola, Vicente Feliú, Sara González, Sergio Vitier; así como figuras de la música elaborada y los más jóvenes abre cauces al conocimiento y la difusión.

Se impone el análisis de acontecimientos, referentes, concepciones relacionadas con el complejo político social de nuestro pueblo en el que se incluye la música, en tanto acervo histórico formativo de la nación.

Los programas de radio y televisión son espacios idóneos para abordar procesos que gestan fenómenos esenciales para el ser y el quehacer creativo de impacto en el entorno socio cultural.

Poco se rememora la trascendencia del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, su impronta en el discurso musical; inclusiones de citas textuales melódico-rítmicas, estilizaciones de la rumba y otros géneros musicales de la Mayor de las Antillas.

Las emisoras municipales y provinciales y los telecentros difunden valores locales, pero todavía muchos de ellos son desconocidos en los ámbitos nacional e internacional.

De igual modo deben llegar a todos los rincones del país, la valía de la Orquesta Sinfónica Nacional, su presentación junto a solistas virtuosos, como el maestro Alfredo Muñoz y la riqueza de poéticas de la cultura arará que cultiva Daysi Brau y su agrupación Obba aré anlé.

Amplificar las presentaciones que ocurren en teatros capitalinos y la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, entre otras instituciones, contribuirá a la asunción de un concepto fundamental: todo cuerpo de saberes se desarrolla sobre un espacio de orden.

Poco se conocen los aportes de la Trovuntivitis, uno de los fenómenos culturales de mayor repercusión en el universo musical de la cancionística en Cuba y los géneros vernáculos de Guantánamo, donde el changüí y el nengón, gozan de continuidad en otras expresiones artísticas.

El conocimiento de la diversidad propicia unidad y que cada persona pueda discriminar entre lo efímero y lo circunstancial. El reciente Cubadisco patentizó el arraigo de tradiciones, las cuales merecen amplificación en la radio y la televisión. Son infinitas las virtudes inherentes a técnicas musicales, incursiones en la polirrítmica, el lirismo, la elegancia, el repertorio y las ejecuciones redescubiertas en fonogramas premiados que apenas se conocen.

Solo el esfuerzo conjunto de instituciones culturales, artistas, casas discográficas, publicaciones y medios de comunicación audiovisuales propiciará el pleno disfrute del panorama musical. Pensar cómo escuchar la música en el futuro es un asunto del presente.

En la actualidad es necesario formar lectores de las artes, este adiestramiento permite el desarrollo en lo que se refiere a la comunicación como fenómeno esencialmente humano. Ha de ser una aspiración de creadores e instituciones: aguzar el oído, despertar la memoria, en beneficio propio y colectivo.

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