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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Cultura radial, esencia indisoluble de la televisiva

Pese a sus diferencias, ambos medios comparten saberes, rutinas productivas, prácticas y tecnologías

El 24 de octubre de 1950 nuestra primera televisora irrumpió con sus imágenes en el espacio privado hogareño, cuando la radiofonía era dueña y señora absoluta del éter: emisoras de onda corta y media propagaban nuestras noticias, novelas, aventuras, teatros, humorísticos y musicales por toda Cuba, la región latinoamericana e incluso otros continentes.  

La pujanza de nuestro quehacer informativo, dramatúrgico, musical y comunicativo expandió también nuestros programas en versiones impresas y discográficas; era común que nuestros creadores e intérpretes vendieran sus obras a otros países y fueron contratados por prestigiosas emisoras desde Sudamérica a Estados Unidos.

La calidad tecnológica, artística y comunicativa de nuestras prácticas difusivas y producciones, nos otorgó por mucho tiempo el liderazgo iberoamericano; primero de la radio y luego de la televisión.

Pese a sus diferencias, la radio y la televisión son medios de comunicación sustentados en soportes electrónicos y, en consecuencia, comparten muchos saberes, rutinas productivas, prácticas y hasta modos de hacer.

Ejemplos:
Entre 1922 y 1959 la estructura de propiedad de la radiodifusión cubana se sustentó casi absolutamente en empresas privadas, en su mayoría grupos familiares que adoptaron el modelo estadounidense con objetivos mercantiles.

Nuestras dos primeras televisoras –Unión Radio Televisión (Canal 4) y CMQ TV (Canal 6)– fueron fundadas por empresas que operaban dos cadenas radiales de alcance nacional: Unión Radio y CMQ Radio.
Desde 1947, los dueños de CMQ Radio operan CBMF para la música instrumental, cuya empresa genera después a CMBF TV, Canal 7.  

La gestión simultánea de la radio y la televisión generó una intensa sinergia entre ambos soportes. Recordemos:   
Al surgir la televisión, una verdadera oleada de publicistas, artistas, técnicos, especialistas y creadores radiales nutrió las televisoras. Abruptamente, esos hombres y mujeres asumieron estoicamente una infinita jornada laboral cotidiana.

Desde 1950 y hasta bien avanzada la década del setenta pasado, en las mañanas atendían sus espacios regulares en la radiofonía y en las tardes y noches –en un proceso acelerado– aprendían a hacer televisión, haciéndola. La práctica cesó cuando las visiones reduccionistas del sector cultural hicieron optar a los trabajadores entre la radio, la televisión, el cine o el teatro1.

La participación de actores y actrices en la radio o el video no se limitaba a un  espacio de frecuencia semanal en vivo. Formatos episódicos como las novelas, aventuras y humorísticos se emitían una, dos, tres, cuatro o cinco frecuencias a la semana. No era extraño que muchos actores y actrices de protagónicos o personajes secundarios simultanearan varios, incluso con otros de formatos unitarios en variados géneros.
 
En la radiodifusión comercial regida por el Sistema de estrellas, la pareja protagónica y el resto del elenco estaban bajo contrato exclusivo de la empresa mediática o de las productoras audiovisuales independientes a ellas2. Ello implicaba una gran presión porque constituían la voz o el rostro –la imagen corporativa– de estas entidades. A mayor prestigio, más presencia diaria en diversos espacios y propuestas radiales y televisivas.     

Este intenso proceso cotidiano y paralelo redimensionó la experiencia de nuestros especialistas, creadores e intérpretes, muchos de los cuales alternaban además el cine, la publicidad, el teatro y el espectáculo nocturno.  

Lo mismo sucedía con los técnicos, guionistas y directores de programas radiales especializados, quienes durante años asumieron géneros y formatos replicados en diversas versiones por la televisión, e incluso muchos proyectos con relativa frecuencia ofrecieron emisiones paralelas en ambos soportes3.

Entre las prácticas mediáticas, comerciales, comunicativas y artísticas que compartieron la radio y la televisión estuvieron también las rutinas productivas:
Los controles remotos se usaron en las noticias y en otros géneros informativos, pero también en eventos deportivos y culturales.  

La intensa herencia dramatúrgica de nuestra radiofonía impuso en el video la musicalización y el uso del narrador.

Las emisiones en tiempo real predominaron en la televisión cubana hasta bien avanzada la década del setenta pasado. Ello significaba que en todos los géneros y temáticas se insertaban voz e imagen4. Si el programa -documental, noticia o evento deportivo- era de otro país, generalmente de Estados Unidos, a este complejo y laborioso proceso se unía la traducción simultánea o no.

Así, la cultura radial devino esencia indisoluble de la televisiva.  

Hoy cuando nuestra radio y televisión avanzan aceleradamente dentro del ambiente digital y muchas radioemisoras y televisoras cubanas brindan su programación en tiempo real en el ciberespacio, recordemos el hermanamiento inicial de nuestra radio y televisión.

Notas:
1  En consecuencia, se anula la distribución tradicional del capital artístico-técnico por sesiones y soportes electrónicos.
2 Durante los años 50 pasados, las productoras externas al sistema televisivo fueron: Escuela de televisión y Televisa; los Departamentos de radio y televisión de poderosas agencias publicitarias cubanas o foráneas, creadoras de anuncios y programas quienes por demás eran importantes patrocinadores de la producción  y emisión radial-televisiva: Ejemplos: Jaboneras Crusellas, Sabatés –afiliadas a transnacionales norteamericanas- y Gravi –totalmente cubana– replicaron estas estructuras y modelos productivos.
3 La imagen pública de estos técnicos, guionistas y directores de programas radiales-televisivos también fue notoria por la intensidad y calidad de su labor.     
4 Se alternaban imágenes o letreros en carteles –tellops–, las provenientes de grabaciones previas llamadas intercut –grabaciones de imágenes o escenas en exteriores con anterioridad al momento de difusión del programa–. También se simultaneaban imágenes en tiempo real de locaciones exteriores con las que tenían lugar en los estudios.

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