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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Defender la ilusión de verdad artística

Acercamiento a requerimientos dramatúrgicos funda-mentales para convencer desde las puestas audiovisuales

Caridad Martínez y Alberto Luberta Noy han enriqueci-do con sus obras la cultura cubana. Foto: Jorge Valiente

En la sociedad contemporánea lidera la pluralidad de códigos, lenguajes, que constituyen un flujo y reflujo informativo, aportan múltiples dinámicas a los procesos de lectura, facilitan cambios en esta práctica.

Prevalece, de hecho, una variación de sentido en las relaciones sociales, teniendo en cuenta los cambios en la tecnología, el desarrollo de infraestructuras y el notable incremento de soportes no impresos.

Por doquier los relatos ficcionales aportan diversos contenidos, fábulas, moralejas, que mediante tramas y personajes producen sensaciones, estas alcanzan su clímax en narraciones concebidas para explorar la dimensión afectiva del ser humano.

En una oportunidad me comentaron Alberto Luberta Noy, escritor, y Caridad Martínez, directora de programas radiales: “Hay que convencer al oyente y al televidente con obras de contenido humanista, estas cautivan en todas las etapas de la vida sin distinción de edades o sexos”.

Actualmente, el distanciamiento físico por el bien social generado por la Covid-19 motiva a pensar en el yo y en el otro con perspectivas quizá nunca imaginadas. Obras clásicas y contemporáneas que transmite la TV revisitan las confrontaciones familiares, los bandos en pugna en lucha por el poder o la primacía económica, los conflictos generacionales.

Detractores de las ficciones audiovisuales no suelen reconocer su trascendencia comunicativa, ni la mediación cultural de la TV como institución que produce, reproduce sentidos sociales, propone mundos posibles aceptables o rechazados por los públicos. Desde la pantalla se aporta al conocimiento de la realidad y reafirma la dimensión cultural, antropológica en un mundo heterogéneo, híbrido, donde confluyen repertorios populares, masivos, cultos.

Poco pensamos o por lo menos no en su justa dimensión en la esencia de una historia que mantiene vigencia en relatos del siglo XXI: “Un gran amor vence a la muerte”. Esta frase matricial de la obra Romeo y Julieta, de William Shakespeare, transmitida por el canal Multivisión, no es privativa del clásico inglés ni de su época sino de la moraleja que contiene la síntesis del contenido expresado por el escritor.

Series, telenovelas, filmes, teatros, cuentos, cultivan desde diferentes puntos de vista ese núcleo dramatúrgico, pero, en ocasiones, este queda “agazapado” en la trama debido al torbellino de violencia, avatares, incomprensiones, defectos, estereotipos machistas, hábitos nocivos, entre ellos el alcoholismo y la depauperación moral.

De ningún modo por casualidad se retransmite la telenovela cubana El año que viene (Cubavisión, martes, miércoles y jueves, 2:00 p.m.), 10:00 p.m.). esta coloca en la pantalla conflictos de amplia repercusión social.

Intrigas, secretos, malos entendidos, traiciones, devienen condimentos del género telenovelesco que apela a los sentimientos, al paradigma ético: los buenos casi siempre triunfan y los malos son sancionados.

En la puesta actores y actrices sienten la pasión de una idea para entregarse a la creación de otra vida, con sus estados de ánimo; sin duda, el procedimiento comienza en el guion y toma consistencia en la dirección artística de todas las especialidades implicadas en el concepto de realización.

Trasladar una auténtica vida ficcional a los medios televisivos y cinematográficos exige defender la ilusión de verdad con caracterizaciones, casting adecuado, profundización en el universo interior de cada personaje o tipo.

Realizadores y públicos deben analizar cada escena, cada capítulo, no perder esencias de relatos que muchas veces colocan en la cuerda floja la estabilidad emocional de la existencia cotidiana.

Nunca la ficción podrá agotar su significado, en tanto responde a la categoría de género cultural, cuya definición abarca el reconocimiento de formas, contenidos, los cuales deben validar el valor estético y cumplir uno de sus fines primordiales: entretener sin hacer concesiones a la banalidad, a lo superfluo que nos impide sentir la verdad de sentimientos y urgencias humanas todos los días.

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