¿Cabría preguntarse si teniendo en cuenta la naturaleza del medio, las particularidades en Cuba y el público de la TV, las huellas artísticas de los espacios televisivos que existieron y existen clasificarían como verdaderas “autoría” según el significado de “autor”? ¿De qué manera pudiera verse?
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Han sido numerosos los programas que desde el surgimiento de nuestra primera televisora –el 24 de octubre de 1950- han dejado su huella en el público infantil, donde la conducción se ha erigido como anfitriona del buen gusto y la popularidad.
Adrenalina 360, nueva serie del espacio de Aventuras
En el último par de años los muchachos prefieren el melodrama, los saltos súbitos, las pasiones más o menos auténticas de la telenovela. La capa y espada han quedado distantes de su sensibilidad.
Películas, aventuras, animados, eventos deportivos… Estas y otras opciones brinda la programación televisiva nacional en estos días de verano. Esa señal que llega a nuestros televisores recorre un largo camino, mediado por varios actores sociales que la modifican y adecuan el formato a nuestro sistema de transmisión
La capital de Cuba debe gran parte de la promoción de su imagen e historia a la serie televisiva «Andar La Habana», que en el mes de julio llega a 25 años de creada.
La radio es un medio mágico. Transporta a los oyentes a los más disímiles lugares, épocas o situaciones; moldea personajes e induce sentimientos recurriendo solo a un elemento: el sonido. Por tanto, su concepción y realización resulta esencial para cualquier transmisión radial
Perfeccionar el discurso audiovisual y encontrar nuevos resortes para captar a los públicos mediante los mensajes audiovisuales devienen retos impostergables para la televisión cubana.
¿Cómo fue el tránsito en la radio de la tecnología analógica a la digital?¿Cómo la enfrentaron los realizadores de sonido?
La real -e inevitable- contaminación del periodismo televisivo con la espectacularización y otras tendencias audiovisuales que han venido degradando sus haceres en gran parte del mundo, hacen afirmar a prestigiosas voces en este terreno la decadencia del teleperiodismo hoy y, peor aún, la irreversibilidad de tales propensiones