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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Infancia, literatura y consumo audiovisual. Un trinomio incómodo

Sobre la necesidad de una relación más armónica y menos competitiva entre los medios audiovisuales y los impresos destinados hoy a los niños cubanos
Biblioteca Nacional José Martí

Biblioteca Nacional José Martí

Los estudios científicos sobre consumo cultural en el mundo han atendido, con instrumentos teóricos y metodologías multidisciplinarias, las formas de apropiación y uso de los bienes culturales clásicos, entre ellos libros, revistas, museos y teatros, así como de los medios de comunicación: televisión, radio, cine, video, entre otros.

En el caso de Cuba, el consumo cultural no ha representado una prioridad en la agenda investigativa de las Ciencias Sociales, pero sí ha estado presente en diferentes períodos y desde distintos enfoques.

En este sentido, diversas instituciones (la Biblioteca Nacional José Martí, el Centro de Investigaciones Sociales del Instituto Cubano de Radio y Televisi’on (ICRT), el Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello y la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, entre otras) han mostrado un marcado interés por estudiar las peculiaridades de los públicos, las audiencias y los procesos de participación sociocultural a través de los medios.

En el caso de las investigaciones centradas en los niños y su vínculo con el consumo literario y audiovisual, han predominado los estudios con muestras nacionales o provinciales, y en menor número, se han encontrado aquellas que eligen lo local como centro del estudio.

Este texto presenta los resultados más relevantes del estudio de caso, con metodología cualitativa, que desarrolló su autora acerca de las preferencias, motivaciones, significados y hábitos de los niños de once años, del barrio habanero de Cayo Hueso, en cuanto a la literatura y el audiovisual dirigidos a esta edad.

Referidos a la posesión de computadoras, la mayoría de los alumnos declararon carecer de ella, lo cual era revertido con las visitas frecuentes a casa de amigos que sí tenían y la asistencia reiterada al Joven Club de Computación de la comunidad.

En cuanto a las motivaciones, ante la consigna de “Mi divertí mucho cuando”, que debía ser completada por los estudiantes de quinto grado, no se observó ningún caso en el que fuera identificada la función lúdica del libro. El esparcimiento se asociaba, en la mayoría de los criterios, a acciones y actividades propias de espacios exteriores, como salir a pasear, ir al parque Lenin, a la playa o algún museo, conocer nuevos amigos, ir a una piscina o jugar a las bolas y a la pelota en la calle.

Por el contrario, las valoraciones acerca de la computadora y la televisión sí mostraron un especial énfasis en las posibilidades de recreo y esparcimiento de estos medios.

De acuerdo con la mayoría de las respuestas, con su uso quedan satisfechas la necesidad del juego y la diversión; en tanto solo dos niños los describieron como “equipos especiales para documentarnos” o “máquinas que guardan muchas informaciones”.

Entre sus personajes predilectos fueron escasísimos los pertenecientes a la literatura cubana o internacional (en este rubro solo mencionaron cuatro: el Principito, Alicia en el país de las maravillas, Bebé y el camarón encantado), por el contrario, notablemente frecuentes fueron los extraídos del universo audiovisual, cinematográfico o televisivo.

La generalidad de las figuras citadas fueron Pocahontas, Charles Chaplin, Mickey Mouse, Antonio Banderas, Las Brats, Mente Pollo, La sirenita Ariel, Spiderman, El rey León, entre otras.

La aceptación y la regularidad en el hábito de lectura, mostrada en las primeras técnicas de trabajo en grupo, difieren de los resultados arrojados por los registros de actividades desarrolladas durante los fines de semana, en los cuales fueron muy aislados los ejemplos de acciones cotidianas vinculadas con el libro o la literatura.

Entre las disímiles formas de ocupar el tiempo libre predominaron: las visitas familiares o a casa de los amigos, las salidas al Coppelia, al cine, al circo, a una piscina, al parque Lenin, al Malecón, a una fiesta, a la playa, al Barrio Chino, la permanencia en la casa para ayudar en las tareas domésticas, escuchar
música, ver películas y animados o poder jugar en la computadora. Numéricamente menor son otro tipo de actividades (localizadas en las respuestas de solo cinco niños) como realizar las tareas de la escuela, asistir a clases de pintura, guitarra o piano.

Dentro de sus preferencias e intereses literarios, los niños también evaluaron los formatos, géneros y temas. A partir de sus criterios, el medio favorito por el cual quisieran que les relataran las historias es la computadora, mientras que los menos gustados son el teatro, las revistas y los periódicos.

Aquí es necesario precisar que los entrevistados, en su mayoría, demostraron desconocer las publicaciones periódicas destinadas al nivel primario, tales como Zunzún y Pionero, lo cual puede deberse a la lamentable escasez de fondos de la biblioteca de la escuela que debería paliar la ausencia que sufren estas publicaciones en los estanquillos y librerías de la ciudad. Los libros, por su parte, recibieron, en esta escala de preferencias, una evaluación de regular, es decir, ni de absoluto gusto ni de total rechazo.

Este resultado diverge, en cierta medida, de la atracción expresada en técnicas grupales anteriores pero puede explicarse a partir de la comparación lamentablemente desventajosa con la computadora: al ser evaluado él solo, el libro ocupa altos niveles de predilección que se ven disminuidos, en la generalidad de los casos, al competir con la experiencia audiovisual que ofrece una computadora.

Frente a la avalancha tecnológica y audiovisual a la que están expuestos los niños hoy: ¿Qué desafíos enfrentan los actuales promotores de lectura en Cuba? Para Adrián Guerra, a partir de su vasta experiencia como promotor en la Biblioteca Nacional José Martí y en la Biblioteca Pública Rubén Martínez Villena, “el reto hoy es más grande.

“Nosotros, los bibliotecarios, no estamos luchando contra la ausencia de promoción de lectura en el hogar, ni con la carencia de un maestro promotor (como podía ser antes). Ahora el asunto es diferente, el reto adquiere dimensiones que debieran apreciarse en los hogares, pero todavía estamos muy lejos de eso. Estoy hablando de las computadoras, con las cuales muchos creyeron que los niños aprenderían más…y no fue así.

“La mayoría de los juegos que se diseñan hoy no están hechos para ver cuál de ellos enseña más, cuál de ellos hace pensar más a los niños sino todo lo contrario: para volverlos más violentos, miméticos y adictos a estar sentados delante de una pantalla, sin generar una idea”.

A pesar de la predilección de los niños por la computadora, como soporte de entretenimiento e instrucción, el hábito de lectura constituye una práctica muy bien valorada socialmente y estimulada con gran frecuencia a través de los medios de comunicación masiva.

Esto representa la causa esencial por la cual todas las familias entrevistadas, independientemente de leer o no, o de tener hijos lectores o carecer de ellos, defendieron el libro como medio de educación y esparcimiento, por encima de la computadora o la televisión.

De modo general se observaron sinergias entre las motivaciones de los niños y los sentidos psico-sociales atribuidos por ellos al acto de leer. En ambos casos la lectura es vista como una práctica interesante y útil para el aprendizaje, pero rara vez como una fuente de diversión.

De ahí que, al compararse con la computadora y la televisión, el libro ocupe una posición muy desventajosa en los intereses y preferencias de los niños, para quienes, en la inmensa mayoría de los casos, los medios audiovisuales representan una fuente segura de recreación y esparcimiento.

Durante la investigación, la familia demostró desempeñar un rol esencial en tanto agente creador, mediador y transmisor de sentidos y valores socio-culturales y espirituales. Fuera del horario docente, es ella quien encauza y condiciona los intereses en sus hijos y nietos.

Pese a la gran importancia que tiene en estas edades la opinión del grupo, la familia y la escuela se mantienen como grandes focos de influencia y condicionamiento del escolar. Los familiares y los maestros continúan fungiendo como figuras de indudable poder.

Valga recordar que educar sin imponer y con la participación activa de estos agentes de influencia y autoridad, además de las instituciones sociales, comunitarias y el propio público infantil (conociendo y respetando sus gustos, valores, preferencias y motivaciones reales) constituye el camino más expedito para lograr una relación más armónica y menos competitiva entre los medios audiovisuales y los impresos destinados hoy a los niños cubanos.

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