Mis muchachos, los Saíz
los Saíz
Una nueva serie se graba en los Estudios de Radioarte: Mis muchachos, los Saíz. La misma llega en el marco de los 40 años de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) como homenaje que no se queda en el pasado, sino que lo trae al presente con fuerza. El proyecto conmueve porque habla de juventud, de sueños interrumpidos y de una memoria que se niega a apagarse. El equipo creativo lo respalda: Manuel Ramírez Heras escribe y dirige, mientras Dairón Bejerano Lima acompaña como asesor. En las actuaciones resaltan la magistral primera actriz Kenia Ortiz (que encarna a Esther Montes de Oca, madre de los hermanos) y los jóvenes actores Ángel Ernesto García Brito (Luis Saíz) y Jarol González Nocedo (Sergio Saíz). La serie, aunque histórica, no busca solemnidad, sino cercanía: que los muchachos vuelvan a ser nuestros, que su historia se sienta viva.

En esa misma sintonía hacemos un aparte especial que merece la canción «Hermanos», acompañante a la obra, su corazón sonoro. La autoría, producción e interpretación es de Osmany Romero, con el piano de Andy Calzadilla, el chello de Gabi Pérez y la mezcla y masterización de Carlos Cartaya; lo cual la convierte en relato musical que sostiene y multiplica la emoción.

«Dos muchachos de entonces,
dos hermanos, un mismo hogar,
cuadernos llenos de sueños,
preguntas por contestar.
Dos plumas sobre la mesa,
Tanta historia por contar,
Ideales de firmeza,
La vida empezando a andar»
La letra abre con imágenes de juventud: cuadernos, plumas, sueños. Vibra la inocencia y la promesa de lo que apenas comienza. La serie enlaza esa frescura con la memoria de Luis y Sergio Saíz Montes de Oca, dos jóvenes de Pinar del Río que, con solo 18 y 17 años, hicieron de la palabra un acto de resistencia contra la dictadura de Batista.
«De frente estaba el camino,
había tanto por vivir.
La madre quedó esperando,
y tantos versos por decir»
El estribillo introduce la espera de la madre, símbolo universal de tantas ausencias. Es un canto detenido en el umbral donde la juventud se marcha y el dolor se instala.
«Aquella tarde fue oscura,
se cerró detrás la puerta,
ella los vió partir,
el viaje no tendría vuelta.
La barbarie a quemarropa
acertó con dos disparos,
se nos fueron,
perduraron sus legados»

La canción se oscurece. La puerta que se cierra es metáfora de destino y la barbarie se nombra sin rodeos. El 13 de agosto de 1957 la dictadura batistiana los asesinó a quemarropa. La tragedia se conviertió en semilla. El regreso al estribillo es un círculo: la madre sigue esperando, los versos siguen pendientes. Es la memoria que no se apaga, la herida que se transforma en canto.
La canción provoca una mezcla intensa de ternura, dolor y memoria. «Hermanos» no es acompañamiento, sino relato en sí mismo: una crónica cantada que abre la puerta a la intimidad de los hermanos y se expande hacia la historia colectiva. Cada verso deja la impresión de un hogar lleno de palabras, de proyectos escritos con urgencia y esperanza y de una madre que espera en silencio mientras la juventud se marcha.
Ese legado germinó en la AHS, fundada en 1986 para custodiar la memoria y multiplicar la voz de la juventud creadora cubana. Cuatro décadas después, la organización celebra su aniversario con esta serie que revive la historia de los hermanos. La producción de Radioarte se inscribe en un contexto mayor: el aniversario de la AHS que es la reafirmación de un camino.
La serie y su música recuerdan que Luis y Sergio no son figuras lejanas, sino muchachos nuestros, que todavía nos hablan y nos conmueven. Escucharla es estar frente a una crónica cantada: la vida breve de dos jóvenes que soñaban con justicia, el dolor de una madre que los pierde y la certeza de que sus ideales siguen vivos. En este aniversario de la AHS, Mis muchachos, los Saíz no se limita a contar una historia: la revive, la canta y la convierte en puente entre pasado y presente.
Fotos : cortesía de Ángel Ernesto García Brito