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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Radio Cadena Agramonte, emisora de mis amores (VII)

Esta crónica forma parte de una serie radiodocumental que realicé para homenajear a la emisora donde inicié mi vida profesional

Radio Cadena Agramonte, emisora de mis amores. La primera en mi vida profesional. La que me vio nacer y crecer como locutor. Soy César Arredondo y tengo el placer de encontrarme o reencontrarme contigo atravesando el tiempo y la distancia. Te contaré de cosas pasadas en esta emisora y de mis andares en su búsqueda o de cuando la encontré y fuimos un todo único.

Las transiciones, la locución

En las aspiraciones de tantos años, en lugares tan inadecuados para alimentarlas y sin conciencia de lo que había obtenido en mis 17 años en el campo, hubo solo dos de transición apresurada en la ciudad. Realmente no me percataba de cuánto faltaba ni de cómo sería el futuro en una profesión tan competitiva y exigente como la locución. Una profesión evaluada por tantas personas, eso vendría después, empujada por el tiempo y sus caprichos, por los vaivenes a que nos lleva la vida como creadora de la verdad.

Ya consolidado en Radio Cadena Agramonte como ente profesional, político y social, vivía etapas grandiosas de mi activa juventud. El triunfo de la Revolución marcó nuevos caminos y, en la medida que se profundizaba, todo se iba decantando. El oportunismo y la sinceridad ubicaron líneas que situaban las divisiones marcadas por esos años.

Fue la época primaria de aquellos cartelitos en las puertas de las viviendas que decían: “Esta es tu casa, Fidel”. Los porcentajes de seguidores de la Revolución resultaban colosales, casi unánimes. Solo los batistianos, lógicamente, no eran la expresión del fidelismo, porque, en realidad, la nuestra era la ideología que imperaba, a pesar de otras menguadas corrientes que existieron. La lucha de clases tomó sus posiciones respectivas.

Poco a poco, se corroboró la demostración de un decir popular que aseguraba: “la Revolución es como una estaca: cuántos más golpes se le da más se profundiza”. Muchos, muchísimos en todo el país, trataron de nadar en río revuelto. Supe de muchos casos. Y, en eso, como decía Carlos Puebla: “llegó el Comandante y mandó a parar y se acabó la diversión”.

El joven que, a los 19 años, sin dinero y sin ropa propia, había realizado su examen de locutor en el séptimo piso del Ministerio de Comunicaciones, en la Plaza Cívica de la capital del país, luego la Plaza de la Revolución, sentía que se le abría, como a todos los jóvenes preteridos, un futuro promisorio, por el que era necesario luchar. Sí, el triunfo de la Revolución fue un campanazo extraordinario de alegría, esfuerzos y compromisos.

Radio Cadena Agramonte nos extendía los brazos con su grandeza de emisora paradigmática en la provincia y algo más. Nuestro colectivo, que lo había demostrado en los momentos más difíciles de la lucha contra la dictadura, casi unánimemente se levantaba y echaba a andar. ¡Y de qué manera!, en esta nueva etapa.

Podemos asegurar que casi el ciento por ciento de nosotros, los trabajadores de esta, nuestra querida emisora, nos ncorporamos inmediatamente a la gran obra que iniciaban casi todos los cubanos. Para destacar la magnitud de una obra grande y necesaria, decimos que es una obra de mucho amor. Así fue la nuestra desde entonces. Fuimos masivamente milicianos, dirigentes sindicales, cederistas y las mujeres, además, federadas. Todas las tareas de la época fueron parte del colectivo de la juvenil y aguerrida emisora Radio Cadena Agramonte.

 Cronica Cesar Capitulo 7

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