dom. Abr 5th, 2020

Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Televisión para niños: rezagados en la carrera


El director y guionista Alayn Finalé destaca espacios infantiles sobrevivientes del bombardeo continuo e incesante de emisiones extranjeras

Televisión para niños: rezagados en la carrera

Por Dainerys Mesa Padrón

Fotos: Archivo y cortesía del entrevistado

 

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A Alayn Finalé le preocupa la avalancha de series y programas extranjeros que consume el público infantil cubano

Cuando éramos niños –hoy somos padres jóvenes–, a Elpidio Valdés no había héroe que le ganara; sobre todo porque no lo permitíamos. Por ese entonces, las primeras posiciones del hit parade infantil se transmitían cada lunes en Arcoiris Musical; Dando y Vueltas y Pocholo y su Pandilla, acaparaban la atención de miles de “enanos” receptores durante los fines de semana.

En aquella época, Flipper, Lazy, Rintintín, Guillermo Tell, Robin Hood y los muñequitos rusos no dejaron de gustarnos; pero nunca se maximizaron ante Hermanos, Los pequeños campeones, Los pequeños fugitivos, Había una vez…

En cambio, por estos días, la Televisión Cubana muestra una empobrecida programación para niños –aunque superior a la dedicada a los adolescentes–, y asume el reto de carencias en la producción de espacios infantiles.

A esto se suma la competencia con incontables espacios procedentes de los más insólitos canales de emisión foráneos, plagados de mediaciones. Los adultos llevan a la casa y reproducen en DVD, HD players y computadoras, disímiles programas, carentes muchas veces de una ideología o psicología acorde con edades tempranas.

 Ignorar esa confrontación resultaría una actitud demasiado ingenua por parte de directivos y realizadores de la televisión en nuestro país. Desafiarlas –si no en cantidad, al menos en calidad–, implica generar producciones promotoras de la idiosincrasia, que inciten a infantes y mayores a descubrir sus realidades y anhelos.

 

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Una de las series más exitosas de la última década en la televisión cubana

La audacia de dirigir un espacio para niños, interpretado además por un elenco de bisoños, deviene una tarea compleja, como bien explica el joven director de televisión, Alayn Finalé.

“Realizar un programa no es fácil. Ciertamente, algunos son más sencillos que otros. En este caso, los infantiles, amén la consabida falta de recursos económicos y los mecanismos complicados de nuestra televisión, se complejizan por el propio trabajo con niños.

“Otra cuestión es la logística: se debe jugar con los horarios de clase, los exámenes, las autorizaciones de padres y profesores para salir de las escuelas. Por otra parte, los niños no son actores profesionales. Debes repetirles los textos y acciones muchas veces, e intentar esclarecerlos.

“A la vez, y aunque parezca contradictorio, resulta muy rico trabajar con ellos: no se cansan fácilmente, siempre están dispuestos y tienen mucho ánimo, ganas de hacer, conocer y experimentar”.

Cambiar conceptos

Alayn Finalé escribe y dirige el programa infantil Alánimo. Es también guionista de Para saber mañana y durante los últimos años, ha asumido la realización del espectáculo en Cantándole al sol.

“Me gusta trabajar con los niños. Me formé como realizador en el Departamento de Programas Infanto-Juveniles, donde he ido creciendo. Quizás por eso siento un nivel de compromiso, una deuda de gratitud con los infantiles. Los pequeños son mis compañeros, mis amigos, y me gusta tratarlos como tal.

Alánimo resulta un programa muy agradecido, pues con pocos recursos se logra una visualidad atractiva. El espacio posee una función muy importante, resumida en la promoción de música cubana para niños.

Precisamente, por eso no se agota. En la medida que nuestro equipo le saque provecho, pervivirá siempre. Cuando se juntan empeño y creatividad, los programas no mueren”.

Víctima indirecta del antagonismo entre lo nacional –proveniente de canales oficiales–, y lo extranjero –de origen comercial–, Finalé se anima a ampliar sobre el tema:

“Las emisiones cubanas devienen una alternativa ante la avalancha de materiales audiovisuales extranjeros, trasmitidos por la propia televisión nacional, y los que circulan por canales informales de comunicación, en ocasiones de la peor calidad.

“Contamos con significativos ejemplos en los cuales niños y niñas han visto reflejada su realidad, y se han identificado con sueños comunes y un mismo lenguaje. Tenemos La sombrilla amarilla, Claro Clarita, Mucho ruido, Barquito de papel

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Aunque dirigida a un público adolescente, Mucho ruido demostró que la televisión nacional puede afrontar proyectos interesantes y atraer la atención de los más jóvenes. 


 

“A los espacios de corte infantil les falta variedad, cantidad y virtud. Debemos ganar en espacios nacionales, por encima de los extranjeros. No se trata de comenzar una tarea maratónica, pues debe obedecer a normas de calidad. Y estas, a su vez, no solo basarse en el nivel visual, o de recursos, luces o tecnología; me refiero al cambio de la visualidad.

“En ese aspecto estamos en desventaja. Es difícil saber qué se hace en el mundo en materia de televisión infantil, a no ser por vías informales. Entonces, como no existe una retroalimentación, seguimos reproduciendo los mismos esquemas a través de los años.

 “En los años ochenta la tecnología no tenía el alcance de hoy. Existían las opciones de la televisión y jugar en la calle, ni siquiera había juguetes sofisticados. Pero cada vez los materiales son más comerciales y representan una realidad ¡tan distante de la cubana! Hay que cambiar el concepto, debemos correr a la par de los tiempos”.


 


 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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