vie. Sep 25th, 2020

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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Cultura de resistencia

Aproximaciones a espacios televisuales que promocionan cinematografías de estéticas atractivas, las cuales nutren los saberes y el disfrute en tiempos de responsable aislamiento social

La digitalización y las nuevas prácticas de los medios de comunicación audiovisuales indican cambios acelerados. Los de menos edad pasan del consumo lineal hacia tablets, computadoras, celulares y mediante el uso masivo de las redes sociales los sujetos dejan de ser pasivos para convertirse en productores difusores o productores-consumidores.

Las relaciones entre calidad, identificación emocional y memoria, validan categorías estéticas, jerarquías artísticas, sobre todo el posicionamiento indispensable para reactualizar a los públicos en el conocimiento de narrativas que exigen inteligencia lectora en todas las etapas de la vida. Desde tiempos inmemoriales, las transformaciones de los medios de comunicación se asocian a distintas revoluciones tecnológicas, el XXI es el siglo de la cultura de la imagen, de la pantalla, sobre esta realidad debemos reflexionar, ser consecuentes con ella.

Miradas a la programación de los canales nacionales revelan el destaque de informaciones fidedignas, científicas, inmediatas, sobre el COVID-19. Asimismo, se privilegian las emisiones educativas, los repasos de Matemática, Historia y Español para las pruebas de ingreso a la educación superior, además de series y la retransmisión de la telenovela cubana Bajo el mismo sol. Espacios habituales: Historia del cine, De nuestra América y La séptima puerta, promocionan filmes de técnicas renovadas que enriquecen los saberes y la espiritualidad en tiempos de responsable aislamiento social.

Los mensajes comunicativos pueden ser analizados como dispositivos pensantes y dinámicos del sistema de la cultura. El cine de autor demanda la participación del espectador, quien debe mantenerse atento a códigos y textos no siempre de fácil comprensión inmediata. El séptimo arte es para muchos guionistas y realizadores un arma política, por esto hay que desarrollar las facultades valorativas de los públicos, la descolonización en el acto de ver con la plena conciencia de las identidades histórica y social.

Es esencial una cultura de resistencia. Las pantallas, interlocutoras por excelencia, mantienen permanentes diálogos, en tanto “hablan” al televidente, lo acompañan, lo conmueven. Quien se involucra en el hecho artístico debe ser consciente de que es un productor simbólico, creador de sentido de visualidades no siempre explícitas.

Por supuesto, cada humano incorpora a la recepción sus propias emociones, estas, de acuerdo con el doctor en Ciencias Psicológicas Manuel Calviño: “Nos informan sobre el sentido personal que pueden tener las cosas para nosotros. Y decidimos el curso ulterior de nuestro comportamiento. De modo que cuando alguien piensa es una cosa que se me sube a la cabeza y me hace explotar no está hablando de una fatalidad reactiva, sino de una falta, una falta en la capacidad de ser dueño de un fragmento nada despreciable de su vida y que puede tener consecuencias impredecibles·.

Añade el experto: “La gente buena es de buen sentir. Y si algún rezago queda de los impactos negativos de la vida, entonces a la reacción primaria le recordaré la sabia sentencia de Sartre de que somos lo que seamos capaces con lo que han hecho de nosotros. Las emociones que cultivamos con decisión y voluntad serán al final las que definan el camino emocional de nuestra vida”.

El doctor en Ciencias Psicológicas considera que las emociones son pilares fundamentales en la toma de decisiones de cada persona.

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